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Lass Galletitas Oreo y cómo ganarse a todos los públicos

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Durante muchos años, décadas incluso, ciertas marcas se fueron asentando en el nicho del producto familiar. Eran ese tipo de productos que se compraban para los niños de la casa y que dejaban de ser relevantes en la cesta de la compra de un adulto. Se podría decir que el nicho de mercado tenía cierto punto de efímero: una vez que tu consumidor crecía, se perdía para siempre.

Sin embargo, las cosas han cambiado en los últimos años. Los cambios sociales y demográficos han impactado en el mercado y han hecho que las fronteras de a quien se le venden las cosas se hayan vuelto borrosas. Los consumidores no están ya tan limitados sobre lo que pueden comprar.

Porque se haya alcanzado la edad adulta ya no se dejan de comer aquellas galletas que siempre te gustaron tanto. Además, el poder de la nostalgia se ha convertido en un motor de consumo, lo que vuelca a los consumidores en los sabores de su infancia (no hay más que pensar en el tirón de los bares de cereales), y las marcas también quieren tener a los consumidores adultos y con poder adquisitivo.

Eso obliga no solo a cambiar el nicho de mercado general, sino también a modificar la estrategia y a trabajar el marketing de un modo completamente distinto. Pero ¿cómo se pasa de ser una de esas marcas familiares, de productos comprados cuando se tienen niños en casa, a ser una marca que llegar a todas las generaciones y que conecta con los adultos?

Uno de los ejemplos es el de las galletas Oreo, uno de esos productos que hace unos años asumíamos que eran directamente para comprar y para dar a los más pequeños y que ahora llegan también sin embargo al nicho para adultos. No solo eso: han logrado llegar a diferentes mercados y a diferentes culturas gastronómicas, yendo más allá de su mercado de nacimiento y de su nicho original. Como apuntan en un análisis en Warc, las galletas Oreo lo han logrado posicionándose con conexiones culturales con sus mercados de acogida.

“Hemos ido realmente más allá de esos momentos a la mesa con los niños”, explica Justin Parnell, senior director/Oreo en Mondelez International, como recoge el análisis. La compañía ha usado la conectividad cultural para ir más allá de ese nicho de mercado familiar y para llegar a nuevas audiencias. Con ello han logrado dejar de ser una marca asociada al consumo familiar (y a esa experiencia de las galletas que les das a los niños) para convertirse en una marca con tirón intergeneracional.

La clave para llegar a un nuevo mercado

¿Cómo lo han hecho? Además de usar elementos con tirón entre el mercado adulto (como por ejemplo anuncios en momentos de gran tirón entre ellos, como la emisión de los Grammys), la clave de su éxito y de su llegada a nuevos mercados ha estado en cómo han logrado adaptar su producto.

Han hecho que sea algo más que simplemente la galleta para niños “de siempre”. En los últimos años han ampliado la oferta de sabores de sus galletas, usando “nuevos sorprendentes sabores” (por ejemplo, wasabi) que llegan al público adulto y los sorprende. También han lanzado presentaciones del producto que encajan con sus preocupaciones, como una galleta más fina (que hace que los consumidores se ‘permitan’ comerlas, porque son más ligeras) o una chocolatina.

Y, por otra parte, han aprovechado el tirón de los momentos culturales, de la conversación que los consumidores tienen en cada momento. Su uso de Juego de Tronos es uno de los grandes ejemplos: es algo con lo que no van a llegar a los niños que tradicionalmente son su mercado, pero sí lo harán con los adultos.

 

Fuente: Puromarketing

¿Porqué el turismo debe valerse de estrategias de social media marketing?

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Muchos son quienes ya están investigando, comprando o dando últimas revisiones del recorrido que harán de cara a las próximas vacaciones de invierno.  Todos se están preparando, especialmente, quienes tienen que conquistar a esos consumidores. Dado que no solo empezamos a soñar con las vacaciones muy pronto sino que además las compramos igualmente pronto, esperando así hacernos con los mejores precios, la estrategia de marketing turístico tiene que estar preparada y ajustada ya desde el minuto uno.

Esa estrategia tiene que tocar muchos elementos y tiene que ajustarse a muchos terrenos. Por supuesto, los responsables de marketing necesitan conocer muy bien a sus consumidores y los espacios por los que se mueven, sus intereses y todo aquello que pueda frenarlos en sus decisiones de consumo, para así ser capaces de pulsar las teclas que harán más factible que estos consumidores compren lo que les están intentando vender.

Pero la clave para el éxito no está solo en comprender a los consumidores, sino también en estar presentes en los principales canales en los que ellos también lo están. Y eso supone, ahora mismo, trabajar la red. La estrategia de marketing turístico tiene que contar con una sólida pata en lo que a marketing digital toca, ya que el consumo de productos de viajes arranca cada vez más en la red, pero también debe asentarse en el terreno específico de las redes sociales. Contar con una estrategia de social media marketing es crucial y decisivo y no cuidar ese terreno puede ser, en el caso de la industria del turismo más incluso que en otros casos, un suicidio.

Del descubrimiento al consumo

¿Por qué ocurre esto? La clave está en la importancia que las redes sociales tienen en el consumo de viajes. Los estudios han ido demostrando durante los últimos años que las redes sociales son un elemento clave en el proceso de compra. Nuestros amigos son prescriptores de viajes. Las fotos que suben a las redes sociales y los contenidos que publican desde sus viajes funcionan como un elemento aspiracional e inspirador. Las experiencias de viaje de nuestros amigos, que recibimos gracias a su actividad en redes sociales (un rito más de la experiencia del viaje), son las que usamos como guía para tomar nuestras decisiones de viaje y a dónde ir y consumir.

Pero lo cierto es que no solo nuestros amigos se han convertido en un elemento crucial en el descubrimiento de destinos, espacios y puntos de consumo. En redes como Instagram, los lugares – especialmente aquellos que se pueden ver como diferentes o especiales – se han convertido en un contenido de moda. No hay más que ver qué contenidos suelen publicar los influencers para comprenderlo. A los consumidores esos contenidos además les entusiasman, como demuestra el hecho de que sea muy habitual que sigamos cuentas de viajes, de restaurantes y de elementos similares muy vinculados a la industria del turismo.

Además, no se trata solo de que descubramos viajes y destinos en social media sino que también compartimos de forma habitual esos contenidos. Hacemos que sean visibles y que sean llamativos. Las redes sociales son una parte más del consumo en la industria del turismo.

La atención al cliente y las expectativas

Por otra parte, contar con una estrategia de social media marketing es crucial por otro punto clave. Las redes sociales se han convertido en el destino por defecto de las críticas, las quejas, las preguntas, las dudas y las peticiones de recomendaciones. No se trata ya solo de que cuando estamos en un lugar desconocido echemos mano de nuestros perfiles sociales para pedir una recomendación vinculada a ese sitio (“a dónde puedo ir” o “restaurantes recomendables”) sino que además usamos las redes sociales como canal para llegar a las empresas.

Cuando un avión se retrasa, se habla con la aerolínea por Twitter. Cuando nos pierden las maletas, lo publicamos airadamente en los perfiles sociales. Y hasta cuando el buffet del desayuno del hotel nos resulta pobre encontramos algún escenario social en el que dejar constancia.

Las compañías no pueden vivir de espaldas a esto. Necesitan estar ahí y estar preparadas para responder a esos consumidores.

 

Fuente: Puromarketing

El Marketing en tiempos de la Generación Z

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Puede que todavía no se tenga completamente claro dónde está la frontera entre los millennials y la Generación Z. Si cuando empezó todo el boom de los millennials, las firmas de análisis no acaban de definir del todo la horquilla y de establecer un consenso de quién era todavía millennial y quién no (especialmente en lo que a la fecha en la que se cerraba esa generación) con los Z en cierto modo pasa algo parecido. Tenemos claro que son los ‘jóvenes’ pero no tanto en qué año de los 90 tenemos que empezar a contar miembros de esa generación.

Sea como sea, y empiece en el año que empiece, lo que sí tienen claro los analistas y las empresas que intentan usar sus conclusiones para llegar a los consumidores es que los Z son ahora mismo los más jóvenes y que, para conectar con ellos, es necesario tener en cuenta nuevos elementos y partir de nuevas posiciones.

Y en esa lista de cosas que hay que tener en cuenta la red es crucial, pero también el modo en el que la presencia online de la marca afecta al propio consumidor y a su percepción de las cosas. Como acaban de señalar en un estudio de Gartner, para triunfar con los Z los marketeros tienen que trabajar una imagen de marca que ayude a impulsar la marca personal de los propios consumidores Z.

Según sus estadísticas, los miembros de la Generación Z son 1,5 veces más proclives a seguir a una marca que genera contenidos que impulsan la imagen propia que a hacerlo con una marca que no lo hace. “Los consumidores de la Generación Z son la generación más diversa jamás y los que mejor comprenden el entorno digital”, explica Jack Mackinnon, senior principal analyst en Gartner. “Como nativos digitales, la Generación Z es muy crítica con los beneficios y el ROI de mucho de su uso de internet y de las redes sociales”, añade.

Esto es, para estos jóvenes lo importante en esa actividad es que les reporte resultados claros, que les genere algo.

La Generación Z y las empresas

Ahora mismo, además, la relación con las marcas que establece la Generación Z es más bien templada. Aunque un 81% de los consumidores de este grupo demográfico sigue a amigos en la red, solo el 30% hace lo propio con las marcas (aunque los marketeros ya destinan cantidades abrumadoras de dinero a segmentar hacia este nicho de consumidores).

Por tanto, es más importante que nunca comprender qué quieren y dárselo. “Si quieres consumidores leales de la Generación Z, tienes que dejar que sean ellos los que conduzcan”, recuerda Mackinnon. El 46% de los miembros de este grupo demográfico está de acuerdo con la afirmación de que cuantos más likes reciben en redes sociales se sienten mejor.

Además, las conclusiones de Gartner señalan que cuando buscan contenidos en la red quieren que cumplan tres premisas. Buscan que les interese/emocione, que sirva para hacer que sus amigos se rían o que les permita expresar lo que sienten.
Las marcas favoritas de los Z

Al mismo tiempo, analizar cuáles son las marcas favoritas de los miembros de la Generación Z y qué es lo que más les interesa y con lo que mejor conectan puede ayudar a comprender mejor qué es lo que esperan. El listado de las marcas favoritas de los Z incluye muchos nombres de primer nivel, como acaba de demostrar un estudio sobre una muestra estadounidense y limitando la generación a quienes están entre los 18 y los 21 años de Morning Consult.

La marca favorita de la Generación Z es Google, que logra una puntuación de 294,7. Tras ella, se posicionan Netflix (291) y YouTube (285,6). El top tan se completa con Oreo, PlayStation, Walmart, Target, Doritos y Nintendo. Nike (11), Marvel Studios (13), Spotify (14) o Instagram (15) completan el listado, demostrando el tipo de productos y servicios que interesan a los consumidores de este grupo.

fuente: Puromarketing

6 tendencias de “naming” que están marcando cómo se llaman marcas y empresas

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Como en todo, en la estrategia de marketing también hay modas, modas que llegan a elementos que son tan importantes como la identidad corporativa o el nombre de la marca. Si unas tonalidades están de moda, se acabarán colando de forma recurrente en la identidad de las compañías. Lo mismo ocurre con las tipografías o hasta con las formas. Si el minimalismo es tendencia, las empresas se harán minimalistas. Si lo retro destaca, todo se convertirá en la época que domine.

Por supuesto, las modas también afectan al naming. Los nombres de marcas y empresas (y hasta de productos) no permanecen ajenos a las tendencias y a lo que está de moda en cada momento. Como apuntan en un análisis en MarketingProfs, aunque el nombre de una marca es crucial y debe resonar con los consumidores, también se acaban dejando llevar por lo que en ese momento parece la tendencia. ¿Cuáles son ahora las modas que están marcando la estrategia de naming? Han identificado varias tendencias, de las que se pueden aprender unas cuantas cosas.

Nombres que suman esto y aquello

Un bolso de Dolce&Gabbana, en el que se puede ver el nombre en el cierre

No es exactamente una técnica novedosa. Muchas empresas con ya largo tiempo de vida la han empleado para posicionarse en el mercado, como por ejemplo Dolce&Gabbana. Pero el formato ha vuelto en los últimos años y se ha convertido, de hecho, en una suerte de seña de identidad de las compañías y de los negocios hipster. Son los nombres de marca o de producto que usan dos elementos, que suman dos términos en su identidad.

El giro que le han dado en los últimos años y que se ha convertido en la seña de identidad de los negocios hipster es el usar términos que chocan entre sí, que generan una especie de imagen divergente (por ejemplo, Cloth and Stone o Oak + Fort son los ejemplos estadounidense, pero también más cerca: en un artículo sobre marcas de moda hipsters españolas aparecían Mus&Bombon o Yo and Friends). Lo que está ocurriendo es que este tipo de nombres están saliendo de ese entorno más concreto para llegar a más sectores. No es solo una cuestión de que funcione en Malasaña, el barrio hipster de Madrid, sino para más consumidores. Una de las marcas propias de Amazon, por ejemplo, se llama Iris & Lilly.

Las marcas se llaman como seres humanos

La marca mencionada de Amazon sirve también como ejemplo para otra tendencia emergente en naming, la de las marcas que se llaman como personas. Las startups están empleando cada vez más nombres de personas para su propia identidad y, como explican en el análisis, la tendencia está creciendo en popularidad. ¿Es una versión moderna de los años en los que las tiendas y las peluquerías tenían el nombre de sus dueños?

En realidad, es más bien una respuesta a la complejidad de los tiempos. Por un lado, las empresas necesitan términos que sean cortos, estén disponibles y que sean fáciles de recordar.

Por otro, los consumidores quieren cada vez marcas más cercanas. Tener nombre humano hace que parezcan más amistosas, más cercanas y más humanas. Funciona además muy bien con los millennials y con los miembros de la Generación Z. Por ejemplo, una de las soluciones para gestionar redes sociales que ha aparecido en los últimos años se llama Edgar y uno de los últimos seguros médicos en aparecer en EEUU es Oscar (y su web juega con la idea de decirle hola).

Nombres que fusionan términos

Foto Pexels

¿Qué son Netflix, Snapchat o Facebook? Sus nombres no solo dicen qué son sino que juegan con los términos básicos de su identidad, pudiendo ser deconstruidos. Facebook es la suma de face (cara) y book (libro). Aunque puede parecer que el formato lleva ya unos años y que suena menos novedoso, lo cierto es que sigue protagonizando las tendencias en naming. Las empresas siguen escogiendo términos (siempre cortos y no más de dos) que describen lo que son y los unen en una palabra final. Netflix juega con net (la red) y flix (que no solo suena como un término que se usa a veces para películas – flic – sino que también está asociado a la cultura de consumo de cine online, era el término de argot para películas pirata).

Estos nombres funcionan porque son informativos y porque logran despertar la curiosidad del consumidor.

Nombres visuales

El nombre sugiere algo visual que los consumidores rápidamente ven y asocian a algo familiar, aunque la marca luego rompa con esa imagen para asentar otra. Y sí, la tendencia es también muy antigua (Red Bull o Apple juegan con esa idea, pero lo hace también marcas tan variopintas como La Vaca que Ríe) y ha funcionado muy bien a las compañías ejemplo de ese formato. La tendencia está volviendo: lo hace porque los nombres visuales suelen ser mucho más memorables. Cuando los escuchas los asocias a una imagen mental ya conocida y por eso consiguen entrar en la memoria de un modo más fácil. No parten de cero.

Nombres negativos que se reconvierten

Puede que la idea de usar un sentimiento negativo o una palabra asociada a algo negativo para nombrar a una marca parezca una locura, pero lo cierto es que es lo que ya se está haciendo y lo que ya le funciona a algunas marcas. En el análisis ponen como gran ejemplo a Slack, la herramienta para empresas que ha crecido mucho en los últimos años. El término original viene a significar vago. La clave para que estos nombres funcionen está en los dobles significados (slack también puede ser un verbo que supone dar tiempo a alguien) pero también que sea fácil conectar con la ironía del nombre y con el juego que la marca está proponiendo.

Jugar con el dominio e incluirlo en el nombre de marca

También es algo que suena muy al final de los 90 y a los años de la burbuja puntocom y sin embargo es algo que está empezando a posicionarse como tendencia emergente en el naming de empresas pure-playes online. En la oferta de supermercados online que aparecen en la red, por ejemplo, ya están TuDespensa.com o Ulabox.com, que usan cuando hablan de sus compañías sus nombres siempre con el .com asociado.

La tendencia, eso sí, o al menos en el mercado estadounidense, es la de emplear las palabras y el dominio de forma divertida o integrada. Es decir, el dominio es un elemento más de posicionamiento de marca. CallRuby.com es una empresa de recepcionistas virtuales.

 

fuente:puromarketing

Días de lluvia y marketing

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El tiempo meteorológico impacta en el comportamiento de los consumidores. Es algo que sabe muy bien la industria del turismo, a la que el buen tiempo inesperado les puede suponer una mina de oro y a los que los días de lluvia en el verano lastran sus datos económicos, pero también cada vez más industrias y más áreas de negocio.

Hace unos años, por ejemplo, el ecommerce tuvo un gran ejemplo en cómo el tiempo puede impactar en la estrategia cuando una campaña de Navidad especialmente fría y llena de nieve causó el caos en Reino Unido y Estados Unidos. Los consumidores compraron mucho más de lo esperado en la red, pero los sistemas de entrega y las redes logísticas ni estaban preparadas para esa avalancha de pedidos ni eran capaces de sobrevivir ellos a las nevadas.

El mal tiempo dispara las compras en ecommerce, así como el buen tiempo hace que esos consumidores migren a las tiendas físicas. Por afectar, el mal tiempo lo hace también con lo que hacemos en redes sociales. Un estudio demostraba hace unos años que los días de mal tiempo y lluvia registran una mayor actividad social: publicamos más cosas cuando hace un tiempo más malo.

Pero ¿tiene el tiempo un efecto en los elementos menos racionales? Es decir, ¿impacta el mal tiempo en la apreciación que tenemos de las cosas y en la imagen que nos formamos de las marcas?

Si se piensa en la cuestión, se podría llegar a la conclusión de que eso no debería ser así. Al fin y al cabo, las empresas sobre las que nos estamos formando una opinión no tienen nada que ver con que llueva o haga sol. El efecto que el tiempo tiene en su actividad sí podría ser un elemento que impactase en la valoración, ya que el modo en el que gestionan esa realidad impacta en la atención al cliente y en la experiencia de usuario.

Sin embargo, lo que están demostrando los estudios es que la relación causa-efecto va mucho más allá y toca también la parte menos racional. Los consumidores se dejan llevar por el tiempo de un modo mucho más primario.

Más comentarios negativos el día de lluvia

Un estudio, realizado por expertos de la Ohio State University, así lo acaba de demostrar. El mal tiempo impacta en cómo vemos las cosas y cómo percibimos las marcas, aunque sea a un nivel irracional. El estudio se ha centrado en lo que ocurre con los restaurantes y las opiniones que los consumidores se forman de ellos, usando como elemento de baremo las opiniones que los comensales dejan y cruzándolas con el tiempo.

“Los responsables de los restaurantes pueden ver en algunos días más opiniones negativas de las habituales y puede que no tenga nada que ver con el servicio o con la calidad de la comida”, dice uno de los responsables del estudio. “Los restaurantes no pueden controlar el tiempo, pero puede afectar a cómo los consumidores opinan sobre ellos”, añade. El mal tiempo no es un factor decisivo y determinante. Esto es, no va a hundir por completo la imagen de marca del negocio. Pero, aun así, ayuda a llevar al consumidor hacia una visión más negativa, aunque sea algo completamente externo.

Según los datos del estudio, los días de mal tiempo los consumidores dejaban más comentarios negativos que los días de buen tiempo. Los números son claros: la probabilidad de que un consumidor dejase un comentario negativo era en un día de lluvia 2,9 veces mayor que en un día de sol. Esto ocurre con el mal tiempo en general, ajustando lo que es mal tiempo a cada lugar. En Florida, por ejemplo, la alta presión atmosférica y los días de temperaturas más altas tenían el mismo efecto. Era un tiempo que resultaba desagradable para los consumidores y con eso impactaba en la visión de los consumidores.

Los expertos creen que este impacto del mal tiempo en la percepción de las cosas está marcado por el estado de ánimo de los consumidores. Es decir, el mal tiempo hace que los consumidores estén de peor humor y ese estado de ánimo es el que hace que la visión de los productos y las experiencias cambie.


Fuente: Puromarketing

Game of Thrones y la avalancha de Merchandising

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Para rodar una de las escenas clave de la última temporada de Juego de Tronos, la producción logró que se cerrase el espacio aéreo sobre la zona en la que se grababa, en Irlanda del Norte. Eso suponía que no pasarían ni aviones, ni helicópteros, ni drones. Nadie podría sobrevolar la zona y el secreto de lo que se estaba grabando se iba a mantener de forma blindada. Se habían protegido de los spoilers.

La historia es uno de los datos que el amplio reportaje que Entertainment Weekly dedicó a la serie en uno de sus números de marzo (que estaba protagonizado en prácticamente todos sus artículos por Juego de Tronos) recoge, aunque quizás la frase más significativa es una de las que apunta uno de los creadores de la serie. “No vamos a decepcionar a los fans”, señala.

Juego de Tronos ha logrado crear una comunidad entusiasta. Cuando era Canción de hielo y fuego la serie literaria en curso que publicaba George R.R. Martin (y que, efectivamente, todavía no ha terminado), los libros ya contaban con una comunidad entusiasta, dispuesta a comprar no solo los libros sino también ya productos derivados. La serie ha conseguido, sin embargo, ampliar el alcance del universo literario, haciendo que sea conocida de forma global y que tenga un impacto directo sobre la cultura popular. Puede que no hayas visto nunca Juego de Tronos, pero a día de hoy es más que probable que sepas qué es y que, por lo menos, tiene dragones.

Edición especial de refresco con Juego de Tronos

A eso se suma que la comunidad de seguidores es mucho más amplia y que el atractivo de las cosas que se unen a la serie sea mucho mayor. Juego de Tronos se ha convertido en una oportunidad para posicionarse ante el mercado, para conectar con él y para lograr reconocimiento, algo que las marcas han estado aprovechando de forma más que notable. Posicionarse aprovechando el tirón de la serie permite llegar a una audiencia amplia y entusiasta y destacar por encima de todo el ruido.

A pesar de un paro de dos años, Juego de Tronos volvió este mes (y logró seguir siendo relevante a pesar de todo y gracias a una estrategia que aporta valiosas lecciones de marketing) lo que ha llevado a que se convierta en la protagonista de una avalancha de merchandising. Seguir la pista a todo lo que ha aparecido es casi imposible, pero las apuestas más destacadas permiten comprender cómo juegan las marcas con todo esto y cómo le sacan partido.

En YouTube, los títulos de crédito de la serie hechos con galletas Oreo supera ampliamente ya el medio millón de reproducciones, aunque es bastante probable que el engagement y el alcance que haya tenido en redes sociales haya sido mucho mayor. Es difícil encontrar el vídeo original en Facebook (su buscador no es el más eficiente) pero una de las versiones que han subido otras páginas supera ya el millón de visionados.

Mondelez destinó 2.750 galletas para crear los títulos de crédito, que son además una llamada de atención sobre un producto específico. Oreo no ha hecho el vídeo simplemente por amor al buzz en las conversaciones sino también porque tienen un producto específico de merchandising, unas galletas edición especial vinculadas a las diferentes casas que compiten por el trono de Poniente.

35.000 euros para tener 24 horas Juego de Tronos

Por supuesto no es la única compañía que ha lanzado productos vinculados a Juego de Tronos. Primark desvelaba en su blog una colección que “es tan impresionantemente chula que ha generado una auténtica fractura entre el norte y el sur”, prometían.

Johnnie Walker, por su parte, presentaba una edición especial de whisky? que había vinculado con los Caminantes Blancos, los habitantes de más allá del muro que viven rodeados de ese frío sepulcral del invierno que durante todas las temporadas habían alertado que iba a llegar. El whisky? está vinculado a una zona de Escocia concreta porque “los inviernos de Escocia, no muy lejanos de los largos períodos que sufre la Guardia de la Noche que se ha aventurado más allá del muro”, son “un lugar perfecto” para empezar a hacer whisky. El packaging del producto sugiere, por supuesto, frío. Ya está a la venta.

La lista sigue y sigue. Adidas lanzó una edición limitada de sus zapatillas Ultraboost, John Varvatos lo hizo con una colección de moda para hombre vinculada a la serie (con una chaqueta que cuesta 2.698 dólares… bastante lejos de los precios Primark…) o Montain Drew con refrescos. También hay una colección de maquillaje de Urban Decay o muñecos de todo tipo. Por haber, hasta hay lavavajillas de Juego de Tronos. Como explicaba uno de los ejecutivos de HBO, el gigante detrás de la serie, las licencias son “definitivamente un negocio creciente y un negocio cada vez más lucrativo para nosotros”.

Un periodista de The Guardian hizo un recopilatorio de todo lo que podría comprar para tener un día completamente Juego de Tronos (incluyendo sus comidas, vestuario o hábitos) y llegó a una cuenta final de 30.915,80 libras esterlinas. Al cambio sale por unos 35.752 euros.

La marca con mayor merchandising derivado de los últimos tiempos

Una de las piezas de la colección de Primark

Como recuerdan en la prensa estadounidense, desde que apareció hace unos años, la serie se ha convertido en uno de los fenómenos culturales que ha producido más merchandising. “Hemos estado pensando en cómo crear la colección de productos más impactante que emocionará a los fans en el año y medio que hemos tenido para trabajar”, añadía en declaraciones a otro medio Jeff Peters, vicepresidente de licensing y retail en HBO. La cadena no da datos concretos económicos sobre cuánto dinero mueve el merchandising de Juego de Tronos, pero no es difícil estimar que es mucho, cifras millonarias de infarto.

El interés por la serie es tal y su impacto en el consumo tan destacado que en 2015, cuando ya era un fenómeno global (aunque quizás no tanto todavía como ahora lo es), logró que el hidromiel se pusiese de moda. Como explicaban entonces analizando los patrones de la industria, los jóvenes modernos estaban haciendo que despuntase el consumo de esa bebida, simple y llanamente por la influencia de la serie y sus aires medievales.

En 2014, la producción de hidromiel había crecido en Estados Unidos en un 128% interanual y las ventas en un 42%.

 

fuente: puromarketing

El potencial de la RA y RV para el retail

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Hoy podemos afirmar aquello de que “la realidad supera la ficción”. Hace tan sólo algunos años, las películas futuristas y de ciencia ficción nos mostraban mundos digitales superpuestos con el mundo real o personajes que visualizaban información y datos en sus propias retinas, mientras caminaban por un entorno concreto.

Pero actualmente, las tecnologías inmersivas no sólo han hecho posible que lo que parecía ficción sea una realidad, sino que además se han democratizado hasta el extremo de poder experimentarlas en la palma de nuestra mano. Y es que la realidad Aumentada (RA), la realidad virtual (RV) y la realidad mixta han llegado para quedarse y formar parte de nuestro terreno más cotidiano.

Pero, vayamos por pasos, ¿en qué se diferencian estas tecnologías?

Mientras que la RA complementa el entorno real con objetos digitales (aportando contenido extra, animaciones o información dentro de la realidad), la RV nos permite recrear un mundo virtual, transportándonos a una experiencia sensorial imposible de experimentar en un entorno real.

Por su parte, la realidad mixta une ambos conceptos, haciendo posible, por ejemplo, interactuar con objetos reales dentro de un mundo virtual o reproducir elementos virtuales en el entorno natural que a cada uno rodea.

No obstante, para poder disfrutar de estas experiencias “virtuales” es preciso contar con dispositivos como cascos y gafas especiales, o bien junto a tablets o smartphones que ofrecen la virtualidad a través de sus pantallas.

En el primer caso, encontramos en el mercado las HoloLens de Microsoft, las Oculus (respaldada por Facebook), las Samsung Gear o HTC, entre otras. Tecnologías que han abaratado progresivamente su coste con el fin de adaptarse a una demanda todavía tímida y que no está creciendo al ritmo que los fabricantes esperaban. No obstante, algunos estudios de mercado aventuran que los dispositivos de realidad virtual y aumentada generarán en 4 años un volumen de negocio de más de 8 mil millones de euros.

Tecnologías que encajan en múltiples sectores

En sus inicios, la realidad aumentada y virtual encontró en el sector de los videojuegos su principal ámbito de aplicación y desarrollo. Juegos como Pokémon Go, que alcanzó los 500 millones de descargas en los dos primeros meses desde su lanzamiento, han popularizado el uso de esta tecnología. Pero hoy hablamos de una tendencia que trasciende los videojuegos para integrarse en todos los sectores y dimensiones del mundo de los negocios.

Precisamente, la gran penetración de los smartphones lo que ha permitido en los últimos años la aparición de aplicaciones que superponen los elementos generados digitalmente en el mundo real. De manera que, través de ese inseparable dispositivo que llevamos en la palma de nuestra mano, podemos ver cómo quedaría un mueble en el salón de casa, experimentar looks personalizados de maquillajes o peinados, probar cómo quedarían distintas combinaciones de ropa o conocer información adicional en una zona de interés turístico.

Las RA y RV se están adoptando en una amplia variedad de sectores. En los entornos industriales, por ejemplo, las tecnologías inmersivas están demostrando ser rentables y productivas a la hora de diseñar productos, visualizar datos de procesos productivos, realizar mantenimientos e inspección de elementos en planta o como herramienta de capacitación y training.

Por su parte, el mundo de la publicidad también está aprovechando las oportunidades que brindan la RA y la RV, conscientes de su altísimo potencial a la hora de desarrollar acciones de promoción que generen “engagement” en los consumidores.

Según Marcus Torchia, director de investigación de IDC Customer Insights & Analysis “los segmentos de consumo, comercio minorista y manufactura serán los primeros en invertir y adoptar la RA y la RV. Otros sectores como el turístico, el gubernamental, el transporte y la educación aprovecharán las capacidades transformativas de estas tecnologías”.

Y es que según las investigaciones del IDC, los ingresos mundiales del mercado de la RA y RV se duplicarán, como mínimo, en cada uno de los próximos cuatro años, pasando de los casi 18 mil millones de dólares de facturación a nivel mundial en 2018 a los 218 mil millones, en 2021.

El potencial de la RA y RV para el retail

El retail es uno de los sectores que más invertirá en aplicaciones de realidad aumentada en los próximos años. Esta tecnología ayudará a mejorar las ventas “físicas” y, sobre todo, revolucionar el eCommerce. Las tiendas, por ejemplo, podrán habilitar espacios virtuales que permitan al usuario elegir la opción de ropa y accesorios más adecuada, facilitando la venta.

Uno de los ejemplos más “antiguos” de aplicación de realidad aumentada en este sector es la app Ikea Place, lanzada en 2017, que permite al usuario a través de su móvil escanear un determinado escenario y colocar de forma virtual productos del catálogo de Ikea, para que pueda comprobar si encajan con su espacio y estilo.

El grupo Inditex ha lanzado recientemente la app de realidad aumentada Zara Ar. Cuando se enfoca el Smartphone hacia el escaparate de una tienda aparentemente vacío, aparecen de repente modelos en escena con prendas de la colección. La app también permite la posibilidad de comprar a través de ella.

En el eComerce, marcas como Ray-Ban, por ejemplo, ofrece la posibilidad de que el cliente diseñe su propio modelo virtual mediante tecnología de face-mapping. Subiendo una foto de su cara a la plataforma, ésta le permite visualizar cómo le quedarían las gafas desde distintos ángulos, haciendo que la barrera del “probador” en las compras online se vea superada.

La alianza entre l’Oreal y Facebook permitirá a los usuarios de la red social probar diferentes maquillajes de manera virtual con realidad aumentada. Y próximamente lo harán también en Instagram.

En este contexto, las marcas que tengan en cuenta la RA y RV en sus estrategias de marketing podrán ofrecer una experiencia única y creativa, que les permitirá diferenciarse de la competencia, mejorar su reputación y aumentar el engagement del cliente.

 

fuente: puromarketing.com

Las tendencias que cambiarán el consumo y a los consumidores en 2019

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¿Hacia dónde van los consumidores y qué se debe esperar de ellos? Habitualmente esa es una pregunta que los responsables de marcas se hacen y que quieren responder de la forma más clara posible. La pregunta se convierte en una especie de elemento recurrente cuando se llega a diciembre: con el cierre del año saber qué ocurrirá en el siguiente parece casi una obligación.

Y, para ello, las previsiones y las tendencias se convierten en elementos clave. Los analistas quieren perfilar lo que espera a la vuelta de la esquina.

Algunos elementos sociales y tecnológicos tendrán un impacto determinante en algún momento. El boom de las smart cities o de la juventud digital harán que los consumidores cambien y cambien también sus estilos de vida, lo que impactará en cómo compran y en cómo se relacionan con las marcas. De un modo más específico, se pueden perfilar algunos grandes cambios en el consumo y en los consumidores, como explica una analista de WGSN a Warc, perfilando cuáles serán las tendencias de consumidores y consumo de 2019.

Los tres elementos que cambiarán por completo el consumidor

De entrada, como apuntan en las conclusiones que publican en Warc, los elementos cruciales de 2019 en lo que a tendencias globales se refiere serán aquellos que tendrán un impacto directo en cómo son los consumidores, cómo se relacionan con las marcas o lo que debe hacerse para triunfar y tener éxito. 2019 será, apuntan, el año que ponga fin a las cosas como se han conocido hasta ahora en lo que a los consumidores se refiere, como punto final de una década llena de cambios.

De entrada, será el punto de partida de la que será la “era del zettabyte”. ¿Qué significa esto? Básicamente que cada vez hay más y más información. Es la era de los datos, casi se podría decir que de verdad. Por un lado, todas las cosas conectadas están generando más datos que nunca. Por otro lado, internet es más grande (y más rápida, dejan claro en el análisis) de lo que nunca había sido. El tráfico online se espera que alcance los 2ZB este año.

Para continuar, 2019 es la barrera de lo que los analistas llaman el mundo post-letrado. Las palabras están siendo sustituidas por imágenes y caracteres. Nos comunicamos con fotos y con emojis, a los que se empezarán a sumar todos los asistentes de voz y todas las herramientas de voz y conversación que están haciéndose hueco en el mercado.

Y, finalmente, 2019 será el punto de partida de la Era del Activismo, en la que los consumidores sienten que tienen que defender en lo que creen y sus valores. La Generación Z será quien suponga el punto de partida para todo esto, aunque los millennials también tendrán un gran peso en ello.

Los grupos de consumidores que dominarán las cosas

Estas tendencias generalizadas harán también que las cosas cambien no solo de una forma general sino también específica. Esto es, estas tendencias y estos elementos tendrán un impacto en cómo se compra pero también en cómo son de un modo más concreto los consumidores. Serán los elementos que harán que aparezcan nuevos tipos de consumidores y que los posicionará como ejemplos clave de cómo y hacia dónde van las cosas.

Los consumidores se dividirán en cinco grandes grupos. Uno serán los ‘nuevos escépticos’, los consumidores que se creerán pocas cosas y que investigarán todo lo que se les dice con lupa. Aunque se creen poco las cosas, quieren mucha información. Son quienes consumen grandes cantidades de datos y de contenidos informativos de todas las cosas. En el mundo de las empresas supone que, para llegar a ellos, hay que hacer cosas como convertir a los trabajadores de la empresa en una suerte de noticia.

Los ‘menos distraídos’ serán aquellos consumidores que quieran estar rodeados de menos distracciones. Son los que buscarán el que se ha empezado a conocer como “calm design”, diseño que se integran fácilmente con el entorno (como ocurre con los altavoces inteligentes), y también los consumidores quieren desconectar.

A ellos se suman los “autonomistas”, consumidores que se siente cada vez más solos y que con ello marcan sus decisiones de consumo; los “sin límites”, en los que los cambios siempre son bienvenidos y que se adaptan a todo (son los usuarios de la economía de las experiencias y también esos perfiles de personas que son muchas cosas al mismo tiempo); y el “stream team”, consumidores glocal que lo saben todo en redes sociales.

El año de la experiencia (más todavía)

De hecho, estos perfiles y estas tendencias pueden comprenderse mejor si se analizan algunas tendencias de industrias específicas. Las previsiones de la industria del turismo para 2019, por ejemplo, ayudan a visualizar mucho mejor cómo son los consumidores y hacia dónde irán. Así, en las previsiones que ha lanzado TripAdvisor, aparece en un lugar destacado el viaje experiencial, es decir, el viajar para vivir experiencias.

Cuando se va a un destino ya no se va solo al lugar clásico turístico, sino que además se busca vivir experiencias vinculadas con el lugar en cuestión, experiencias que sean “compartibles”. Es otra manera de viajar y de relacionarse con el entorno. Quizás empezó cuando arrancó el home sharing, pero ahora ha ido muchísimo más allá. Es parte de la clave de lo que ha hecho que Costa Rica, Nueva Zelanda o Islandia estén de moda. Son destinos impresionantes, pero también destinos en los que se pueden hacer cosas, vivirlas.

De hecho, la experiencia es como una especie de continuo en todas partes. También es uno de los elementos que cambiarán en retail y que definirán lo que se debe hacer para triunfar en el año que viene. Como apuntan en un análisis que publicaba Forbes, ya no se trata simplemente de cambiar la tienda, de hacer obras para que parezca más moderna, sino más bien de crear entornos que generen experiencias y que permitan vivir cosas únicas, cosas que la competencia no tiene y que harán que el consumidor sienta que está recibiendo algo más.

Lo que cambiará en el retail

A la experiencia hay que sumar otros puntos que formarán la lista de tendencias que modificarán el retail y con ello cómo compran y consumen los ciudadanos. De entrada, se podría decir que el debate del omnicanal o del multicanal se habría quedado ya obsoleto. No hay que debatir nada, porque esa es ya la realidad de los consumidores. En 2019, quedarse al margen de esto sería un suicidio.

A ello hay que sumar que los consumidores se enfrentan a nuevas tendencias en comercio electrónico. 2019 será el año del boom de las suscripciones en ecommerce, servicios que te mandan cada mes o cada semana productos ajustados a las preferencias del comprador, pero también el año en el que los tiempos de envío y recepción serán aún más rápidos. Si se pensaba que no había una frontera para conquistar, en realidad todavía estaba ahí.

Y, finalmente, será el año de lo que el análisis llama la caja de cristal y la “brands-as-a-culture”, marca como cultura. Tendrán que ser más transparentes y mostrarse más, porque los consumidores compran partiendo de criterios diferenciales. Como señalan, compran con sus emociones y no con sus carteras.

fuente: puromarketing.com

Marketing y Publicidad en 2018: El resumen

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Uno de los ejercicios recurrentes del cierre del año es, además del de intentar determinar cuáles serán las tendencias que marcarán las cosas en el año siguiente, es el de intentar determinar cuáles son los elementos que han marcado las cosas en el año que termina. Es decir, determinar cuáles han sido los eventos, los movimientos y las noticias que han tenido un impacto directo sobre lo que hacen las empresas y sobre lo que tendrán que hacer en el futuro.

Determinar cuáles han sido los momentos determinantes, que hacen pivotar el mercado y que tendrán un impacto duradero en la estrategia de marketing y de publicidad de las empresas no es sencillo. Están pasando muchas cosas y muchas de ellas tienen una elevada trascendencia, pero de todo lo ocurrido es posible que estos sean los elementos que tendrán un impacto más duradero.

Facebook y toda su debacle de reputación

Aunque el escándalo YouTube y sus coletazos y nuevas entregas tuvieron un eco también en 2018, la gran debacle en reputación de este año no ha sido esa (que es en realidad de 2017) sino la de Facebook. Facebook ha vivido un año histórico en reputación y con unas consecuencias que podrían ir más allá de estos meses. Es muy poco probable que Facebook se libre de los efectos de lo sucedido en los minutos después de comer las uvas.

Todo empezó a principios de año, cuando se destapó el escándalo de Cambridge Analytica. La compañía, especializada en análisis de datos y que acabó cerrando en medio de las críticas, había usado información recabada usando Facebook para perfilar campañas de marketing político. El escándalo fue creciendo y creciendo, llevó a Mark Zuckerberg a sentarse ante el Senado estadounidense a defender a su empresa y ha creado una crisis de confianza brutal con respecto a Facebook (aunque la red social sigue llevándose sin muchos problemas los dólares de los anunciantes).

La última entrega fue hace unas semanas, cuando The New York Times destapó cómo la compañía había gestionado la crisis de reputación y comunicación (muy mal, en resumen, y usando jugadas sucias), que fue una estocada más no solo en la imagen de la compañía sino también en la marca personal de su CEO, Mark Zuckerberg, y su COO, Sheryl Sandberg.

Facebook y la muerte del alcance orgánico

La debacle de imagen de Facebook hace que los demás temas que ha protagonizado la compañía se queden un tanto eclipsados, cuando en realidad en marketing y publicidad son bastante importantes (incluso en cierto modo – en términos de efecto directo – lo son más). Facebook ha llegado ya al temido zero day (más o menos). El alcance orgánico en la red social ha muerto.

Facebook anunciaba en enero nuevas reglas en lo que a contenidos se refería. Tras ya lanzar varios ajustes que penalizaban prácticas muy populares de las marcas y de los medios en la red social, ahora iba directamente y sin paños calientes a por ellas. En enero, la red social anunciaba que iba a priorizar el contenido de amigos y familiares por encima del de medios y páginas, porque eso era lo que – defendían ellos – los usuarios de la red social querían ver. Era la solución, se podía concluir, que Facebook había tomado ante la pérdida de atractivo que estaban viviendo.

El impacto sobre las páginas fue brutal, al nivel de apocalipsis del alcance orgánico. Tanto es así que en los meses siguientes se fueron anunciando cierres de cabeceras de medios online que no podían sobrevivir al desplome del tráfico.

Entre medias también los vídeos se han convertido en un lastre para los medios online que los habían convertido en el epicentro de su éxito en la red social. Habían dejado de ser la llave milagrosa para lograr llegar a audiencias millonarias.

La ley europea de protección de datos

Cuando empezó el año 2000, todo el mundo estaba un poco a la expectativa de una gran desgracia, de un hundimiento, de un ‘algo’. La culpa la tuvo el llamado efecto 2000, que medios y analistas desglosaron durante los meses previos al cambio de año hasta el aburrimiento. Los ordenadores no estaban preparados para cambiar de milenio, decían, e iban a dejar de funcionar en la noche del 31 al 1. Iba a ser histórico. Llegó el día uno de enero y no pasó absolutamente nada. No se acabó de ninguna manera el mundo.

Algo así se podría decir que ocurrió con la ley europea de protección de datos, que protagonizó todas las advertencias y todos los temores en las semanas previas a su entrada en vigor (si se hablaba con algunos trabajadores marketeros en esos días de las compañías decían que no dormían con tanto trabajo derivado) y que por el momento no ha sido causa de ningún gran hundimiento (más allá de que algunos medios y tiendas online estadounidenses ya no están accesibles desde Europa).

La RGPD/GDPR entró en vigor en la Unión Europea en mayo, haciendo que los consumidores tuviesen más acceso y más control sobre sus datos personales. Las empresas tuvieron que ajustarse a ello y modificar sus reglas y condiciones. Durante unas semanas, simplemente llenaron los buzones de los consumidores de mails y más mails pidiendo confirmaciones e informando (y saturando a sus usuarios hasta el aburrimiento).

El año terrible de la televisión

La crisis de la televisión no es exactamente nueva. En Estados Unidos la llevan sufriendo ya un tiempo y llevan viviendo los efectos del boom de los “cortadores de cordel” desde hace ya unos años. En Europa, los responsables de las teles se aferraban a la idea de que eso no iba todavía con ellos. Es imposible que sigan creyendo que es cierto.

2018 ha sido el año en el que la crisis de la televisión no solo se ha hecho más evidente, sino también en el que ha quedado claro que afecta a las televisiones con las audiencias de todo tipo (no están solo perdiendo a los millennials y a los miembros de la Generación Z) sino que además los estudios empiezan a apuntar que está siendo más rápida de lo esperado. El golpe de gracia lo daba un estudio de Zenith, que apuntaba que en 2019 se dedicará ya más tiempo a internet que a ver la tele. El cambio será global.

Crisis en Apple

Apple, la reina de las empresas de tecnología y la compañía que había logrado que la gente esperase cada nuevo iPhone (por mucho que no fuese tan diferente al anterior modelo) como la gran noticia del año, ha empezado a perder su magia.

En su última presentación de resultados confirmaron que no cumplirían expectativas en la campaña de Navidad: la horquilla de ventas que la compañía esperaba cerrar durante la campaña iba a ser menor de la que los analistas daban por sentado que sería. A eso se sumaba que anunciaban que iban a dejar de dar métricas de ventas de productos concretos, algo que los expertos leen como la confirmación de que esperan que esos números empiecen a ser siempre peores. Los números de ventas se explican porque Apple ha dejado de ser vista como ‘tan novedosa’ y ha perdido brillo como marca cool.

En los últimos días, Apple ha perdido su valoración histórica en bolsa y ha dejado de ser la compañía de tecnología más valiosa del mundo. De hecho, se ha producido un movimiento que hace unos años hubiese parecido sorprendente. A Apple la ha adelantado Microsoft. Ahora ellos son los más valiosos del mercado en tecnología.

El auge, el boom y la caída del influencer

El ciclo de vida del influencer ha tenido su momento de expansión y muerte durante este año. Ha pasado de ser la gran solución a todos los problemas, con algunas notas al pie, a ser el elemento a cuestionar a lo largo de los meses.

La historia de cómo crecieron, triunfaron y se eclipsaron los influencers se puede resumir rápidamente. Ante el estado de las cosas y ante los problemas para conectar con sus audiencias, los influencers parecían la solución para las marcas. Se saltaban los problemas que los algoritmos ponían a las marcas en redes sociales, se veían como más creíbles y cercanos por parte de los consumidores y tenían además muy buenos datos de alcance y engagement. Las marcas vieron el cielo abierto y empezaron a apostar por ellos.

Pero de pronto empezaron a aparecer influencers en todas partes (¡caían influencers de los árboles!), especialmente perfiles que simplemente querían hacer caja y sacar cosas gratis de todo sin aportar valor, y a corromperse el mercado, como demostró el boom de la compra de seguidores y engagement. El influencer entró así en decadencia.

El boom de las agencias in-house y la crisis general de las agencias

La crisis no solo toca a las cosas nuevas, sino también a aquellas que llevan mucho tiempo asentadas. Las agencias, uno de esos elementos recurrentes en el trabajo en marketing y publicidad y cuya existencia se remonta siglos atrás, no han tenido un año muy positivo en 2018.

Están en una crisis general, ya que cada vez les resulta más complicado demostrar a las empresas por qué son valiosas y la necesidad que tienen de ellas pero también competir con nuevos players que han entrado a canibalizar su mercado. Entre esos nuevos competidores uno destaca por encima de todos. Son las agencias in-house, cada vez más presentes en el interior de las grandes empresas y que se encargan de hacer lo que antes hacían las agencias externas. Las compañías quieren ser más eficientes en términos de costes y también más rápidas, teniendo además mucho más control de las cosas.

La política ha entrado en el juego

No es nuestro papel hacer un resumen político del año, pero las empresas no tendrán más remedio que buscarlo, leerlo y sacar sus conclusiones sobre ello. Y es que si hace unos años la política era algo que estaba de fondo y la actualidad informativa no era algo que afectase a las empresas en su estrategia de marketing, ahora ha empezado a serlo.

2018 ha sido el año en el que la política ha entrado en el juego marketero para quedarse. Los consumidores quieren que las empresas tomen partido y que muestren claramente de quién son, por así decirlo. El caso de Nike y su polémico anuncio con Colin Kaepernick es la muestra más clara de cómo es el nuevo terreno en el que tienen que moverse.

fuente: puromarketing.com